viernes, 24 de agosto de 2012

"Una de tantas historias"

-Dispara, dispara, no te busques problemas. Si él estuviera en tu pellejo dispararía sin remordimientos.-Por su cabeza le pasó el recuerdo de toda la gente que podría haber amado aquel ser insignificante, cuya cara parecía más deshumanizada por momentos debido al brutal miedo que recorría su cuerpo. Renné bajó el arma, haciendo caso omiso de su amigo de pelotón. Y dijo:-Yo no soy como él, ni tampoco su posible hija o esposa, se merecen que sea tan miserable.-Le miró a la cara al viejo perro inglés y con un "gouu" bien alto, le dejó claro que no le quería cerca. Aquel personaje tenía una manera curiosa de correr, parece que nunca le hubieran dado rodillas.


-!Sargentó Chifflet, aquí del pelotón de mando, ¿sigue ahí?!-se oyó desde el walkie. -Sí, aquí el general Renné Chifflet. El flanco derecho está completamente despejado, ya pueden avanzar los tanques-respondió el honroso sargento. -Lo siento sargento, pero el pelotón pesado permanece encerrado en el valle de La Valliere. Su objetivo de misión ha cambiado sargento, diríjase allí con su escuadra y permita que los tanques lleguen a su destino.-respondió. -De acuerdo, me pongo en marcha, corto y cambio.


El objetivo de Renné, estaba claro. Además, él ya había combatido en numerosas batallas y conocía de memoria el terreno. Sabía que tenía que controlar la cima y desde allí terminar con todo inglesito que se pusiera a tiro, que normalmente eran la mayoría. La misión se podría evaluar como de bastante fácil para cualquiera si se contara con una escuadra entera. El problema era que su escuadra estaba compuesta por el mismo y un recluta novato del que solo se podrían destacar sus chistes. Pero el era el general Chifflet, miles eran las leyendas que hablaban sobre él. Unas que si su hombría era tal que fue capaz de amputarse un brazo, el cual tenía atrapado en una roca, para salvar su vida. Y otras que comentaban que, en cuanto su escuadra se perdia en el horizonte, él mismo se encargaba de acabar con alguno de su grupo para que no fuera tan fácil la batalla. Siempre con un habano en la chaqueta, cuyo aroma designaba el dulce clamor de los cantos de victoria.

E inició la marcha, el valle estaba un poco lejos a unos diez kilómetros pero en dos horitas estaría allí sin problema. El que parecía plantear uno más serio era el recluta. Su escuchimizado cuerpo no daba pie a imaginarle corriendo a un ritmo normal de carrera. Iniciaron el tramo en caída, evitando toda piedra para no romperse los tobillos. El terreno era bonito, pero bastante jodido de cruzar en carrera y además con el equipo a cuestas te podías dejar la espalda en el intento. De momento parecía que el recluta mantenía el paso y no se quejaba. Además fue él, el primero en divisar la ciudad de Recronté, aquí deberían ir con las cabezas gachas y con más cuidado. Era una tarde calurosa en la que el ambiente estaba completamente viciado con un humo de pólvora y sangre. A pesar de todas las batallas en las que había estado Renné está era la que más le recordaba al infierno; y era esto lo que le incitaba aún más; a dar caza a su diablo.


Alcanzaron el gigantesco arco que abría para ellos la ciudad de Recronté. No se fiaban ni un pelo. El recluta fue el primero en asomarse. Y cuando lo hizo pareció que el viento dejara de empujar al tiempo, y por unos instantes todo fue abrumadoramente lento. Se podía ver cómo se asomaba, su semblante iba tornándose a blanco, mientras escondía la cabeza y se podía apreciar como una bala hacía saltar el casco del recluta, sin ningún daño para él. Después de este inciso, el tiempo retomo lo que era suyo, acelerándose y devastando toda señal de bruma, al igual que la torreta que se disponía enfrente de ellos acababa con la pared con la que se resguardaban. El sargento estaba contento y pensó:- Parece que al final habrá algo de marcha.

Durante unos segundos, lo único que se oía era el estruendo de la ametralladora, y la risa del mismo patrón de esta, el cual lo hizó con tal ira, que la misma risa sonaba forzada y más bien seca.
Tras el barullo que montó aquel cacharro, el estruendo sobrante fue barrido por el humo que salía de la tierra. El gesto del inglés cambió y hasta que se fue todo el polvo que el pasado había levantado se mantuvo alerta por cualquier cosa. Cuando este se fue se pudieron divisar dos cuerpos con los uniformes del ejército francés. Su victoria era rotunda al igual que su sonrisa, se acercó de chulesca manera al igual que haría cualquier persona que llevara acechando cuatro días, sin apenas dormir; y cuya presa, desecha, le esperara.

Mientras se acercaba crecía su orgullo, ambos estaban tendidos en el suelo esperando que la muerte llegara y cogiera con una mano su alma y con otra sus deseos y se los entregara al mismísimo San Pedro para que su segunda vida fuera más intensa que la primera. Y sin ningún respeto les dio la vuelta de una patada, a sendos cadáveres. Y cual fue su sorpresa cuando vio que uno de ellos era su primo Shane, con el que había jugado tantos veranos y que se alistó con él, ahora era un mero cadáver que ya no le recordaba. Y el otro el Sargento Trolds, encargado de su unidad. En ese momento descubrió lo poco que le habían servido todas las medallas al sargento, al final había acabado igual que su primo. Mientras lloraba la pérdida de su primo, sujetando una de las fotos junto a su familia que guardaba en el bolsillo de atrás, le llegaron a su oído junto con los recuerdos de su primo, el sonido de la ametralladora al cargar.

Estaba claro que algo no funcionaba, se giró y allí estaba el Sargento Chifflet junto al joven recluta quienes disfrazados de infantería inglesa custodiaban en ese instante la ametralladora. El pobre inglés, del que ni siquiera conoceremos su nombre, solo le dio tiempo ha decir: -Shit!!-y una ristra de balas impulsadas por el General Chifflet, fueron a parar a los órganos, ya algo desgastados del soldado desconocido.
Nuestro protagonista volvió a observar la estupidez con la que el ser humano remplaza sentimientos por cordura y deja de hacer las cosas más elementales.

Pero su hazaña, a pesar de haber sido menuda, no era ni más que el inició de la odisea que le esperaba hasta hacer cumplir su misión, y mantener en auge su valor. Ya estaban cerca, no quedaban más de 30 minutos en carrera rápida y el pelotón seguía en jaque en aquél valle.

Así que con presura se difundieron entre la niebla que dejó la pólvora y continuaron su viaje hacía lo "imposible".

domingo, 7 de febrero de 2010

"Eurídice"

Quince años de silencio
guardaban su condena
nadie accede al recuerdo
en medio de esa noche eterna
entre risa y espanto
la llama se acelera
buscando de cuando en cuando
una amable compañera.

El sueño pregunta hasta cuando
la negación no arrecia
Orfeo insiste en preguntar,
afirmaciones sin respuesta
disponen una de estas,
solo diez minutos más
y se acabó la siesta
la impaciencia y la inconsciencia
hacen sustentar,
la duda
que no cesa e incrementa.

Carnosos que coloran con su aliento
las finas hebras del deseo
el cual oprime y desespera,
los recuerdos lo difunden
haciendo imposible la espera
la mente emborrachada busca
pasar el mal trago
y manda reparar a sus ojos
definiciones fragmentadas
por el paso de los años.

Igual de inmortal
igual de perfecta
la imagen de ella a sus ojos
no había perdido belleza,
sus ojos que le iluminaban
robando luz a las estrellas,
ese resplandor le haría aguardar
un destino de inclemencia
quizá conocedor de esta,
su futuro fuera la cuenta,
que debía de pagar
por su impaciencia
la cual,
le creía con licencia
para observar
perfecta puesta
sin la presencia de Apolo.

lunes, 13 de julio de 2009

"Pensamientos desordenados de una historia imposible"

-Bueno estoy a punto de entrar, en cuanto acabe te llamo. Sí yo también te quiero. Venga hasta luego- y desconecté el teléfono acabando con la llamada. -Buenas tardes Carlos, ¿puedo pasar ya?- le dije al secretario. -Claro, pasa te está esperando-contestó.

Llamé dos veces a la puerta y pasé sin esperar respuesta. La consulta de Amanda seguía teniendo el mismo toque clásico que la caracterizaba, el diván de cuero marrón con aquellos remaches metálicos que te destrozaban la espalda, la estantería académica con todos los libros de la carrera junto con toda la obra completa de Baudelaire, la cuál le ayudo más que todos los profesores de la facultad y cómo no, la mesa de madera caoba que portaba una fina plancha cristalina en su parte superior, la cuál estaba helada. Todo en aquel despacho destintaba aires conservadores con una rúbrica que solo se veía oscurecida por la presencia de aquel cuadro de Merello. Me gustaba mucho aquel cuadro, cada color de él me hacía recordar una parte de mi vida; los tintes grisáceos me recordaban a la época en la que estuve viviendo en Nueva York, los manchones bermellones me recordaban las vacaciones de mi infancia en Asturias, en un pueblo entre Ávilés y Castrillón en el que hasta donde levantaba la vista se extendía el prado y por último los tonos cadmios siempre me traían a la mente todas las estancias con Amanda. La carrera que hicimos por el castillo de Farleigh hasta acabar en aquel cobertizo, en el que no hicimos más que comernos a miradas, enteras, dispuestas y entregadas, preparadas pero sin respuesta; el fin de semana en Nápoles en el cuál no salimos de la habitación y nos dedicamos a saborearnos con el más puro instinto animal, los largos paseos por aquellos anchos prados en las afueras de Mar de Plata queriendo encontrar a alguien para preguntar quien parecía más cautivado por el aroma del otro, o las largas noches con preguntas sin respuesta, con conversaciones a ciegas, discursos de pega e “insencilleces” que dejaban a nuestro cerebro inundado en risa y belleza.

Cada vez que pienso en ella, jajjajajjaa, no lo entiendo, soy feliz sin pensarlo, me estoy riendo de su sonrisa, sonriendo con su pensamiento, soy estúpido. Cómo puede hacerme una persona todas esas cosas sin tocarme, sin sentirla, sin hablarla en este instante. En realidad creo que no pienso ni en ella solo en cómo es, bueno, como soy cuando estoy con ella, sensaciones sin indirectas, sin lascivia, no sin lascivia ninguna, solo con arrumacos en el pensamiento que acarician mis sentidos sin quererlo. Y su imagen completa me recorre, enciende, aviva y provoca en mí una múltiple sinestesia del agudo tacto de la hoja de menta, olor de un jugoso color entre almizcle y canela y un regusto amargo del amanecer en primavera.

Admiraba como Amanda había conseguido alcanzar ese nivel de vida en una ocupación que para la mayoría de las personas resultaría pecaminosa. Trabajaba en lo que quería y trabajaba para quien quería. Al principio me chocó un poco su manera de actuar pero con el tiempo vi que su labor contenía el mismo grado de malicia que de ortodoxia. A mi me conoció en un café de Goya un 22 de Abril de 2006. Recuerdo aquel día porque acababa de darme cuenta de que algo no funcionaba en mi matrimonio, por cierto mi esposa se llama Cloe y es una mujer preciosa a la que quiero un montón y la cuál no tiene la culpa de nada de esto. Bueno pues eso, yo estaba en la barra tomando algo cuando se acercó ella y se sentó a mi lado. Solo con su presencia sentí algo, y en aquel momento me habló y me explicó de manera deliberada a que se dedicaba y cómo lo hacía, oído de boca de cualquier otra persona hubiera huido lleno de temor pero, viniendo de sus labios todo sonaba más claro y ameno, y también me comentó que al verme sintió que yo era uno de los que debía unirme a su grupo. En un principio creía que solo se trataba de una buena psicóloga que contaba con un buen juego de piernas, a pesar de notar tras de sí un trasfondo con un algo más. El tiempo dio la razón a mis intuiciones y observé como aquella psicóloga se convertía en una parte de mí de la noche a la mañana. Empezando por conocernos en su consulta y acabando por rejuntar las palabras perdidas del otro con las cuales formar un alegato de unión entre nosotros inherente a la vida.

El único fallo de todo esto es que no se lo podía contar a nadie, pues vería lo que no es. Seguramente diría que he encontrado una loomie psicóloga o que tengo una aventura con mi psicóloga pero no es nada de eso, no; con Amanda solo han sido miradas, solo han sido caricias, lo más cercano a la libido han sido sus besos, los cuales me taladraban de arriba a abajo, entre ella y yo no había habido nada de sexo. El sexo lo destruiría todo, las miradas se reducirían a insinuaciones, las caricias se convertirían en estimulaciones y las degustaciones de su piel se convertirían en el fetichismo de un degenerado. Y es por esto por lo que no se lo digo a Cloe, no lo entendería, a Amanda y a mi nos une un vínculo perfecto, único, mediante el cuál cuando está presente el otro nuestras sensaciones se alteran, mutan y se confunden en una amalgama de belleza y un sustantivo para el cuál no encuentro grafía, la palabra que mas me lo evoca es la de textura, amalgama de belleza y textura. Cloe es encantadora, una fiera en la cama, preciosa, lista, inteligente, sincera, amable, a la que quiero con locura y seguramente la mejor esposa con la que podría estar.

Empiezo a oír los pasos de Amanda. Pienso que se entendería mejor lo que siento si la describiera, para lo cuál necesitaría un libro completo para su belleza y dos para describir su textura. Es increíble lo rápido que me ayuda a rememorar y reordenar conceptos este cuadro espero que nunca se lo lleve. -Amanda-de nuevo solo mencionar su nombre me acaricia el pensamiento, es increíble.

lunes, 16 de febrero de 2009

"Soñando con una noche de delirio"

Esa noche a Robert le dolía la cabeza especialmente. Llevaba dos días seguidos trabajando, inmerso en el caso y su cabeza le pedía un tiempo muerto para descansar. Él no tenía tiempo para darla descanso y la única manera de callarla era inundándola de whisky. Eran demasiadas noches la que le precedían a estas y todas sus respuestas eran difuminadas por cantidades masivas de alcohol y una agenda en la que la mayoría de contactos le cobraban por su tiempo.
Quizá tenía un problema; con la señoritas de compañía desde luego que no, esas eran las únicas que le dedicaban una sonrisa desinteresada de vez en cuando y le ayudaban a conciliar el sueño; si no con el bourbon, el ron, el tequila y la ginebra, estas otras señoritas de compañía que lo único que hacían por él era convertirle las horas de las noches en minutos, que la importancia de todo se redujera a la importancia de muy poco y su cuerpo pudiera producir carcajadas vacías, llenas de sentido para su adulterada cabeza, que le adulzaban la noche y le menguaban todos los malos recuerdos a una sequedad de garganta y un repentino mareo de neuronas a la mañana siguiente.
Estaba tumbado en su sofá rojo intentando buscar la pieza que faltaba en aquel rompecabezas, entre las fotos desperdigadas por el suelo. Ya tenía labrada una reputación. El problema es que esa reputación era de salvar a notables capos de la mafia, policías corruptos y todo tipo de presunto culpable que contara con una gran "solidaridad", ya fuera inocente o no. En este caso se habían tomado unas fotos en las que Danny Dale, el presentador de las noticias del canal 5, salía en una habitación de hotel, junto a una hermosa princesita rubia haciendo cosas que sonrojarían al mismísimo Hugh Hefner. Estas fotos no supondrían un problema legal, si no hubiera salido la pequeña diosa rubia desvelando que tenía 17 años y diciendo textualmente:-"Yo no quería subir con ese hombre, pero el insistió y me dijo que arriba me esperaba una sorpresa". Lo dijo de tal manera que todas las madres de Chicago sintieron como cogían a su hija y la hacían subir con ese degenerado, a Dios sabe que. La credibilidad fue tal que las noticias del caso llegaron a todo Illinois y no se consideró el caso asunto federal de milagro.

La chica se llamaba Kirsten Atwood y desde luego no parecía que fuera menor de edad. Tenía unas piernas kilométricas cuyo giro era capaz de demonizar cualquier pensamiento, ya fuera masculino o femenino, y convertirlo en irremediablemente sexual. Unos ojos que eran capaces de meterse en la mente de cualquiera, hacerte creer que la deseabas con la más profundo de tu ser y entregarle tu alma para que hiciera con ella lo que quisiera.

Robert se acercó la foto y la observo muy detenidamente. Era increíble, a pesar de que la foto estuviera echa con una cámara antiquísima que solo podía captar la realidad y recogerla en una foto reduciendo todos los colores a distintos tonos del sepia y el papel se le deshiciera entre los dedos, de lo fino que era y la mala calidad que lo caracterizaba, podía sentir en la foto como, de la boca abierta de Afrodita, emanaba un aire denso, entre el material de las nubes y la niebla de la mañana, que contenía en su espesura un montón de puntitos blancos y brillantes que contrastaban con el color fresa que se observaba en los bordes del aliento. Además la foto, extraída de uno de los solicitados books de la diva, reunía los tonos necesarios para canalizar la atención de manera premeditada a su escote y a sus labios. En esa pequeña frontera en la que se encontraba el deseo debido al cambio de nivel, se atisbaban restos de una purpurina, que embelesaba al sostener en ella la mirada y se posaba en la punta del paladar y tenía un notable gusto a canela, que se deslizaba suavemente por la garganta, aliviando cualquier síntoma de preocupación, pero avivando la libido hasta límites de desesperación. Y luego las dos puertas carmesí que custodiaban su savia, contenían en su interior todo el fuego y el deseo del infierno, y buscaban víctimas que sucumbieran a los viciosos juegos que mantenían con la lengua, la cual los lubricaba ociosa, y los dientes que permanecían atentos, realizando intentos vanos de rasgarlos y que sólo producían más placer visual.

Engañados por el alcohol los sentidos de Robert recreaban la imagen de la impetuosa zorrita; zorrita, no por lo casquivana que pudiera resultar la visión que recreaba el cerebro en la mente del mancebo espectador, sino por lo astuta e indómitamente inteligente que resultaba aquella loba vestida de caperucita; la cual se volvía más real por momentos. Los minutos se acentuaban y se veían marcados por la vertiginosidad de la sinuosa evocación maléfica que producía la chica, la cuál se iba haciendo más irresistible por instantes y convertía poco a poco a Robert a la sombra, buscando que cometiera ese pecado capital que los llevaría a los dos directos al purgatorio.

En un último suspiro la voluntad de Robert se desvaneció, al igual que la capa virginal que protegía a la niña, y se abalanzó sobre sus labios buscando respuesta a su existencia, la cuál solo parecía posible para que se llevara a cabo aquel beso, que parecía acercarse sigilosamente a descubrir su misterio. Sin embargo en el momento del éxtasis, los exquisitos labios de la joven se vieron difuminados en la habitación y la desesperación de Robert fue tal que su mente no sería capaz de soportarla y tuvo que ser engañado por su imaginación generando un beso perfecto con el sofá, el cual se vio almibarado por el limón y la sal.

jueves, 29 de enero de 2009

Un vagón perdido

14 minutos de espera
y su tren de ida se acercaba
no podía seguir aguantando
tanto, tanto
bueno
quizá un poco más
pero hubiera estallado.

Aquella casa le volvía loco
falsas
artificiales
postizas
tanto su madre como el resto de sus hermanas
para él desentonaban
cantaban juntos
pero no se encontraba armonía.

Ciega, mudo, cansada,
ciega,
ánima paterna
cegada por su nueva compañera
mas cascado, pero no más sabio
mudo,
de sentimiento
ni bien
ni mal
solo nulo,
ausente
distante
esperando respuesta y recibir un
...............
cansada,
pero dispuesta
siempre atenta
la serpiente lo sabía,
solo con su sonrisa
todo lo tenía.

Y así todo,
en secreto,
sin sentido,
todos
locos
obvios sentimientos guardados,
¿de qué?,
de miedo,
miedo
de que solo
le saliese indiferencia
nublado el odio,
nublado el bien,
lo único claro
era el ayer.
¿A dónde volver?

A San Francisco,
no sorry
I dont speak very well,
A Francia,
incapaz de entender,
el qué le ven,
A Rusia,
frío en el corazón,
también cansado
le susurraba que no.

Tal vez al Caribe,
playas momentáneas,
capaces de borrar,
la resaca,
resaca de aburrimiento,
timidez
dejadez
no entender
como actuar,
queriendo gritar
soñar
hablar
preguntar
-sí , aquí,
gracias por mirar,
pero momentáneas
teniendo que soportar volver,
volver a sus ojos
los cuales le desterraban
y cada vez más
le incitaban a marcharse.

La puerta del tren se iban cerrando
ya solo quedaba un destino
minado,
lleno de recuerdos que no se irían
buscando
llamar su atención,
la cuál seguía ausente sin decir que no,
todos sabían la solución
volvería a casa
con un
-lo siento, yooo...
Pero no estaba dispuesto
cansado,
pero no derrotado,
ausente,
pero a la vez consecuente,
volvía a pensar en volver
y le entraban ganas otra vez,
al fin
se decidió por pasar de la cordura
era necesario
sino,
no seguiría siendo él.

Todos durmiendo
y él,
impaciente
su ruta
su sino
todos incipientes
esperando cualquier arrebato
que decidiera su destino
importa San Francisco,
NO!!!!,

La puerta se cerró
disparó,
y calló,
se levantó,
abrieron la puerta y lo encontraron,
avanzó hasta el vagón,
le llamó,
pero no respondía.

A medio camino de llegar
la mejor siesta de su vida,
todo se había arreglado,
sin problemas
sin cansancio,
sin miedo,
sin dudas,
¿sin vida?

miércoles, 10 de diciembre de 2008

"Recuerdos felices"

Llegaba de nuevo 15 minutos tarde y ya estaba cansado de dar explicaciones. Fran y Rober le habían dicho varias veces a Martín lo que le pasaría si seguía llegando tarde, al final le acabarían despidiendo. Pero a él ya le daba todo igual, a pesar de ser el trabajo de sus sueños, no le importaba nada, estaba en una de esas fases en las que darías todo por volver durante una semana a unos años atrás, e irte de fin de semana con los amigos de la facul: -Buah, eso sería legendario-pensó.

Volver con los chicos de cacería, Antonio, Salas, López, los gemelos y pasarse esos domingos desayunando churros en el "Teleré", intentando colocar las sensaciones y colores de una noche, que no terminaba de encajar. Seguramente no ligaron más de dos noches seguidas, pero los recuerdos eran muy confusos. Y lo que anoche fue un saludo de una complaciente rubia, podría haber sido fácilmente una hermosa aventura en el baño de señoras.

Todas las anécdotas de noche salvaje estaban bien, pero a las que realmente echaba de menos era a las chicas, Inma, Sol y Rebeca, Uuuu Rebeca. Era la verdadera razón de todos sus desvaríos amorosos, de sus noches sin dormir, de que le quedara una para Septiembre, de que en ese momento se arrepintiera de nuevo, por no haberle dicho nada hace años. Su melena dorada era capaz de electrizar el aire que la rodeaba y a la vez recoger todo momento y reducirlo a un solo segundo, en el que podías vivir todos los despertares de una vida. Además atenta y cariñosa, quizá un poco insegura, pero lo era necesariamente al ser tan detallista.

Y con la brisa de la mañana se abrió la puerta, era Fernández y además bastante cabreado(-Se acabó el soñar, dijo para sí mismo ):-Está a gusto el señorito en su sillita o el trabajo le ha hecho desvelarse?(La ironía era tanta que entraban arcadas)(Se hizo una pausa incómoda y prosiguió Fernández)-Me parece que alguien, piensa que los edificios se van a hacer solos, y en este estudio no hay sitio para los incompetentes que no piensan en el grupo, así que más que merecidas, se acaba de ganar unas vacaciones indefinidas, recoja sus cosas y buena suerte. Fernández le dio la mano y se retiró.

La cara de Martín era la misma que hace unos segundos. La verdad es que ya le daba todo igual, tenía el dinero necesario para vivir un par de años con desahogos. Y el trabajo cada vez le llenaba menos. Desde que cerró aquella operación, de la que tenía grandes expectativas, con un mero notable su profesionalidad fue cuestionada por todos e incluso por si mismo. Esto le hirió bastante. Pues desde siempre se había considerado una persona con talento y aquello le rompía todos los esquemas. Ya desde la carrera, era considerado por todos, como el mejor de su promoción. Quizá con el tiempo su vida había influido en su talento, y es que el no se sentía bien consigo mismo. Aunque tuviera dos casas, una en Madrid y otra en Ibiza. Aunque condujera un Mustang GT del 45, y aunque su nómina pudiera pagar a todos los bocazas que hay en el mundo, seguiría sin ser feliz. Y esto era provocado por una vida solitaria. Y el no podía con la soledad, la tenía alergia. Porque es que, a pesar de ser una persona de puta madre, que se podría convertir en tu mejor amigo después de conocerle un poco, no sabía abrirse a los demás y además tampoco contaba con mucho tiempo para hacer amistades.

Así que allí se encontraba en el banco de la plaza de enfrente de su ex-oficina, pensando en cómo aprovechar su vida. Y por ese momento lo único que le llenaba, era tomar un tren en su memoria, para poder volver al "Teleré" y tomarse otro San Francisco, emborrachándose con la belleza de Rebeca.

"Eso que ahora llaman amor"

María llevaba más de año y medio detrás de él, pero este se resistía. Siempre que estaba a solas y conseguía ignorar todo el follón que se montaba en la escalera, su mente solo acudía a él. Todos, todos los días guardaba un tiempo para él, sin pensar, en que él solo quería evadirse de la realidad. Era quizá un sueño imposible, pues tal vez lo era, pero no podía evitar acudir a él, siempre que asumía que podría compartir el resto de su vida con alguien más.

Quizá le aterrorizaba el planteárselo en ocasiones, por lo que supone el compromiso y eso, pero para ella, lo que ahora es llamado amor, era más fuerte. Puede que su sueño tuviera la nariz un poco torcida y cualquier ironía le sumía en un mar, del que era pasto de los tiburones, pero ella estaba dispuesta a ignorar todo ello con tal de amanecer junto a ese olor y ese no se qué del que era cautiva. Con el tiempo aprendió a permanecer más tiempo junto a él, riéndole algunas gracias ,que solo él comprendía, para que se sintiera más seguro. Y sobretodo compartiendo su pasión por el arte, aunque no de igual manera.

Él era la viva imagen de que la frase: "El mayor castigo en esta vida es tener criterio y no tener talento."estaba totalmente equivocada. Su vida se había basado en el arte desde que tuvo noción del color. Su vida no había sido, lo que se puede definir como sencilla, más bien lo contrario,en cambio cuando observaba un buen cuadro sus sentidos se aunaban en un chorro de emociones que refrescaba cuantos estaban a su alrededor. Aquellos cuadros lanzaban su vida al vacío,mientras que su vida le sumía poco a poco en el olvido. Ese momento era mágico, irradiaba armonía, era capaz de transformar el talento que plasmaba el artista en sus cuadros, en luz, luz que conseguía atravesar toda frontera y hacer visible la felicidad. El problema venía cuando intentaba expresar todo ese afluente de emociones, las cuales se veían mermadas debido a su torpe uso del pincel y su gran capacidad de ensoñación, la cual le impedía concentrarse.
Eran ya cuatro años trabajando como profesor de historia y sus alumnos todavía le seguían maravillando, a pesar de la escasa atención que le prestaban.

Ella le acompañaba a la universidad siempre que podía, pues le pillaba de camino. Y aquel día era uno de ellos. Como de costumbre estaba firmemente centrada en decirle lo que le susurraban sus ojos en el momento en el que no escuchaba. Y como su aroma era capaz de eliminar toda la rabia contenida después de un día entero sin poder tocarle.

En el momento que él llegó sus pupilas se tornaron a un color que solo se podría definir con una palabra que significara locura y fantasía al mismo tiempo. Y en el momento en que se acercó un poco más a ella, está le cortó el saludo diciendo:-Tengo que decirte que.....(En el momento más importante su garganta se congeló y pasaron unos segundos hasta que pudo acabar la frase)....que, que te quiero.

La cara de él se volvió roja y gris a la vez. Durante unos segundos María pudo atisbar restos de indiferencia en su gesto, los cuales la atravesaban cual espada, dejándola herida y quieta en una esquina. Unos segundos más tarde él dijo:-Creo que yo también te quiero.(Él no estaba muy seguros de sus sentimientos, pues no hacía más que unos días desde la muerte de su padre, y su corazón parecía bañado por varios mares, cada uno de los cuales recitaban un soneto distinto)..pero me gustaría que fuéramos poco a poco, nos conocemos bien y no me gustaría estropear una grana amistad por nada. Ella se sintió curada del sablazo de su indiferencia y el color de sus ojos cambio a realidad-fantasía. Ambos se besaron apasionadamente y entrelazaron sentimientos que salieron disparados hacia el cielo dando varias vueltas y volviendo a ellos, junto con su cordura.
 
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